Desde un abarrotado centro de convenciones en La Paz, Baja California Sur, la presidenta Claudia Sheinbaum lanzó un mensaje contundente: el Poder Judicial debe dejar de ser terreno exclusivo de élites y pasar a manos del pueblo. A dos semanas de una inédita elección, aseguró que renuncia a su facultad constitucional de proponer ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. “Ese derecho no me pertenece, le pertenece a México”, declaró.
El escenario fue aprovechado para enviar un doble mensaje: respaldo total a la reforma judicial impulsada por la administración pasada, y un claro desafío a quienes la tachan de autoritaria. “¿Cómo va a ser autoritario que el pueblo elija? Lo verdaderamente autoritario es decidir desde arriba”, afirmó ante funcionarios, alcaldes y simpatizantes.
La mandataria federal se mostró firme ante las críticas que arrecian conforme se acerca el 1° de junio. “Ya están nerviosos, ya comienzan las campañas contra la elección. Pero millones van a salir a votar porque este país ya no se gobierna a puerta cerrada”, dijo con tono desafiante.
Durante su discurso, Sheinbaum también cuestionó la integridad del sistema judicial actual. Citó que el 50% de quienes trabajan en ese poder tienen lazos familiares con otros funcionarios, lo que —dijo— evidencia un nepotismo inaceptable. “¿Eso es justicia?”, preguntó a los asistentes, que corearon al unísono un rotundo “¡No!”.
La presidenta retomó además decisiones pasadas de la Corte, como el bloqueo de reformas clave del Congreso, y la liberación de presuntos criminales por “amparos dudosos”. Según ella, estas prácticas alejan a la justicia del ciudadano común y consolidan un sistema para privilegiados.
El mensaje fue claro: la transformación del país ahora toca al poder que durante décadas ha permanecido intacto. Y el próximo capítulo se escribirá, asegura, con la voz directa del pueblo en las urnas.