Mientras la guerra comercial escala con fuerza en el tablero global, México elige la diplomacia como su primera jugada. Claudia Sheinbaum, presidenta del país, dejó claro que no responderá de inmediato con medidas espejo a los nuevos aranceles del 25% que Donald Trump impuso sobre autos y acero mexicano. Su apuesta: evitar una reacción en cadena que termine encareciendo los insumos clave de la industria nacional.
“Preferimos el diálogo”, sostuvo Sheinbaum durante su conferencia matutina. Aseguró que su Gobierno mantiene abierta la posibilidad de responder con tarifas equivalentes, pero solo si la vía diplomática no rinde frutos. La mandataria advirtió que un alza arancelaria impactaría directamente en los precios locales y complicaría aún más la situación económica.
El escenario es tenso. Estados Unidos enfrenta críticas internas por su política proteccionista, mientras China y la Unión Europea ya respondieron con medidas similares. Analistas alertan que la escalada podría desembocar en una recesión global. México, en cambio, se aleja del juego de represalias automáticas.
Consciente del peso de la relación comercial con su vecino del norte —que representa más del 80% de sus exportaciones, según cifras del Banco de México—, Sheinbaum anunció que enviará a Marcelo Ebrard, secretario de Economía, a Washington para mantener el diálogo abierto.
“No se trata de responder por impulso, sino de encontrar una solución que proteja a nuestra industria sin agravar la crisis”, concluyó la presidenta. En un entorno donde los tambores de guerra comercial suenan fuerte, México opta por la cautela y busca mantener la partida sin voltear el tablero.