La salida de Sergio Mayer de Morena no ocurrió entre discursos de reconciliación ni mensajes diplomáticos. El actor y diputado federal decidió abandonar formalmente su militancia tras meses de tensiones internas, reclamos y, según sus propias palabras, un ambiente de “maltrato” dentro del partido guinda.
Aunque aclaró que no dejará la bancada morenista en la Cámara de Diputados ni votará en contra del movimiento, Mayer admitió que se sintió atrapado entre grupos internos que pelean poder y espacios políticos dentro del partido.
“Estoy en medio del fuego cruzado”, declaró al explicar que nunca encontró respaldo real al interior de Morena y que su presencia comenzó a incomodar a ciertos sectores. Para el legislador, mantenerse bajo esas condiciones ya no tenía sentido.
La ruptura llega después de semanas marcadas por polémicas alrededor de su licencia temporal para participar en un reality show, decisión que detonó críticas dentro y fuera de Morena. Algunos legisladores incluso pidieron sanciones en su contra y cuestionaron su compromiso político.
Mayer reconoció que esa solicitud fue “su peor error”, aunque negó que su renuncia esté relacionada con investigaciones, señalamientos de corrupción o vínculos ilegales. “¿De qué me van a investigar?”, respondió al rechazar versiones que intentaron ligar su salida con posibles conflictos judiciales.
El diputado también aprovechó para lanzar una crítica indirecta a la dinámica interna de Morena, partido que actualmente concentra millones de militantes y donde, aseguró, existen grupos que priorizan intereses propios antes que el proyecto colectivo.
A pesar de la ruptura formal, Mayer insistió en que seguirá respaldando las iniciativas impulsadas por el gobierno de Claudia Sheinbaum y mantendrá su voto alineado con el bloque oficialista en San Lázaro.
Incluso se definió como “apartidista”, dejando claro que nunca creyó completamente en los partidos políticos y que su incorporación a Morena respondió más a una coincidencia con el movimiento que a una lealtad partidista tradicional.
La salida de Sergio Mayer refleja algo que comienza a hacerse visible dentro de Morena: mientras el partido mantiene una enorme fuerza electoral, las disputas internas por liderazgo, posiciones y control político empiezan a generar desgaste público. Porque cuando un movimiento crece tan rápido, el verdadero reto ya no es sumar militantes, sino mantener unidos a quienes llegaron desde trayectorias, intereses y visiones completamente distintas.