La noche del martes, la funeraria Gayosso de Sullivan se llenó de abrazos rotos y voces quebradas. Ahí, en medio del dolor y la indignación, familiares, amigos y compañeros despidieron a Ximena Guzmán y José Muñoz, colaboradores cercanos de la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, quienes fueron asesinados a plena luz del día.
El crimen ocurrió la mañana del mismo martes, en Calzada de Tlalpan, a unos pasos de la estación Xola del Metro. En esa zona, ubicada en la colonia Moderna de la alcaldía Benito Juárez, los funcionarios fueron atacados a balazos mientras circulaban, sin imaginar que su jornada terminaría de forma trágica.
Clara Brugada llegó al lugar del velorio acompañada por gritos de apoyo: “¡No estás sola!”, exclamaron los asistentes. Visiblemente afectada, se unió a la despedida de sus colaboradores, mientras las autoridades capitalinas intentan esclarecer lo ocurrido.
Horas después del doble homicidio, las investigaciones comenzaron a arrojar pistas. Una motocicleta, localizada cerca del sitio del ataque, y un automóvil hallado en la alcaldía Iztacalco, fueron asegurados por las autoridades. Ambos vehículos estarían relacionados con el crimen, según registros de cámaras de videovigilancia.
En el lugar del ataque se levantaron múltiples indicios: casquillos, huellas y otros elementos que ya forman parte de la carpeta de investigación.
Tanto la Secretaría de Seguridad Ciudadana como la Fiscalía capitalina mantienen un operativo conjunto para dar con los responsables. Mientras tanto, el duelo se mezcla con una sola exigencia: justicia.