El presidente Donald Trump ha decidido retomar la construcción del muro en la frontera con México, una medida que vuelve a ser central en su agenda migratoria. La Casa Blanca confirmó este martes que se ampliará la barrera divisoria en 127 kilómetros, reforzando la infraestructura en una de las zonas más conflictivas. Mientras tanto, agentes de la patrulla fronteriza intensifican el uso de alambres de púas para frenar el paso de migrantes hacia territorio estadounidense.
«La deportación masiva continuará», afirmó Karoline Leavitt, secretaria de prensa de la Casa Blanca, reafirmando el compromiso de Trump con sus promesas de campaña. Según Leavitt, estas acciones son parte de los lineamientos del presidente para «poner fin a la invasión de inmigrantes ilegales», un tema que definió su primer mandato y que ahora se reitera con mayor fuerza.
Trump, quien tomó posesión nuevamente tras las elecciones de noviembre, subrayó que la construcción del nuevo tramo del muro será más costosa que el proyecto inicial. Aseguró que, gracias a los avances en la industria de la construcción, el nuevo muro será más resistente, utilizando concreto de alta calidad y refuerzo adicional.
El nuevo tramo de muro se enfocará principalmente en el sector este de la frontera, en el límite de los estados de Texas y Tamaulipas, con planes también para extenderlo en California. Esta nueva fase del proyecto está siendo acompañada por un endurecimiento de las políticas de inmigración, que incluyen medidas de deportación más severas.
Paralelamente, la Oficina de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ha informado sobre la detención de más de 100 miembros de la pandilla venezolana Tren de Aragua, en una serie de redadas realizadas en Aurora, Colorado. Las operaciones, que contaron con el apoyo de la DEA y el FBI, se extendieron a 11 estados, lo que generó preocupación y protestas en algunas comunidades latinas. Rudy Gonzales, presidente de Servicios de la Raza de Denver, condenó estas acciones, acusando a las autoridades de sembrar miedo y división.