El Senado dio luz verde a la Ley de Ingresos sobre Hidrocarburos, una medida que busca aliviar la carga fiscal de Petróleos Mexicanos (Pemex) y revertir los efectos de la reforma energética de 2013. Con 85 votos a favor y 29 en contra, la propuesta generó un fuerte enfrentamiento entre Morena y la oposición, reflejando visiones opuestas sobre el futuro de la petrolera estatal.
Para el oficialismo, la reforma representa un paso crucial para fortalecer a Pemex tras años de lo que consideran una política de saqueo disfrazada de modernización. La senadora Laura Itzel Castillo, presidenta de la Comisión de Energía, defendió la eliminación de impuestos como el Derecho de Utilidad Compartida, el Derecho de Extracción y el Impuesto sobre la Renta en actividades de exploración y explotación. Afirmó que estos gravámenes fueron diseñados para debilitar a la empresa y favorecer intereses privados.
Desde la oposición, sin embargo, el PAN y el PRI expresaron su escepticismo. El senador Juan Antonio Martín del Campo recordó que Pemex ya había visto reducciones fiscales desde 2019 sin que esto mejorara sustancialmente sus finanzas. Su correligionario Agustín Dorantes criticó que la empresa sigue acumulando pérdidas millonarias y la calificó como «la petrolera más endeudada del mundo».
Pese a los cuestionamientos, la bancada oficialista defendió la medida como parte de una estrategia de recuperación. Castillo subrayó que en el sexenio de Andrés Manuel López Obrador se logró reducir la deuda de Pemex en un 24% y detener la caída de la producción, aumentando la extracción a 1.8 millones de barriles diarios.
Con la aprobación en el Senado, la iniciativa queda en manos del Ejecutivo para su promulgación.