El Tricolor rompió la hegemonía de Estados Unidos y se coronó campeón de la Liga de Naciones de la Concacaf tras vencer 2-1 a Panamá en una final que tuvo de todo: goles, polémica y un estadio teñido de verde.
Con un SoFi Stadium abarrotado, el equipo dirigido por Javier Aguirre logró su primer título en este torneo, dejando atrás tres intentos fallidos. Aunque la celebración fue contenida, el alivio en el rostro de jugadores y cuerpo técnico era evidente. El himno de José Alfredo Jiménez, El Rey, volvió a sonar con fuerza, marcando el regreso del Tricolor a lo más alto de la región.
El partido comenzó con un golpe de autoridad de México. Apenas al minuto 8, Raúl Jiménez aprovechó un error en la salida del arquero Orlando Mosquera y, con un certero cabezazo, adelantó a los suyos. Con ese gol, el delantero del Fulham alcanzó los 39 tantos con la selección, superando a la leyenda Cuauhtémoc Blanco.
Panamá, sin embargo, no tardó en responder. Poco antes del descanso, una mano de Johan Vásquez dentro del área derivó en un penalti que Adalberto Carrasquilla convirtió sin titubeos, igualando el marcador.
El ambiente en el estadio se tensó cuando el partido tuvo que ser interrumpido en cuatro ocasiones debido a cánticos discriminatorios. La Concacaf aplicó su protocolo de advertencia, recordando a los aficionados el riesgo de una suspensión.
México insistió una y otra vez, pero la férrea defensa panameña parecía inquebrantable. Sin embargo, cuando el partido se encaminaba a la prórroga, un error de José Córdoba lo cambió todo. Una mano del defensor le dio al Tricolor la oportunidad que buscaba. Desde los once pasos, Jiménez no falló y desató la euforia en el estadio.
Con el silbatazo final, los 68,212 aficionados celebraron con júbilo el ansiado campeonato. Tras años de frustración, México recuperó su lugar en la cima del área. La deuda con la afición, por fin, quedó saldada.