El conflicto entre Google y la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, por la denominación del Golfo de México en Google Maps sigue escalando. La mandataria exhibió una carta enviada por la compañía tecnológica en la que justifica el cambio de nombre a ‘Golfo de América’, argumentando que sigue políticas “imparciales y consistentes” en la nomenclatura de lugares a nivel global.
Según Google, la modificación se implementó después de que el Sistema de Información de Nombres Geográficos de Estados Unidos (GNIS) adoptara la nueva designación tras un decreto firmado por el presidente Donald Trump. “Los usuarios en Estados Unidos verán ‘Golfo de América’, mientras que en el resto del mundo se mostrarán ambos nombres”, señaló la empresa.
Sin embargo, Sheinbaum no quedó satisfecha con la explicación. “Pero están mal”, afirmó tajantemente, subrayando que el decreto de Trump solo aplicaba a la plataforma continental de Estados Unidos, mientras que Google extendió el cambio a la plataforma mexicana y cubana.
La compañía propuso una reunión con representantes del gobierno mexicano para abordar el tema, asegurando que valora el diálogo con las autoridades. Pero la mandataria ya había advertido que su administración no descartaba emprender acciones legales si el nombre no se corrige.
«Si insisten, podríamos interponer una demanda civil porque están alterando la denominación de nuestro territorio marítimo», declaró el pasado 12 de febrero.
Mientras la polémica avanza, Apple también anunció que incorporará ‘Golfo de América’ en sus mapas, aunque hasta ahora Sheinbaum no ha hecho comentarios al respecto.
La controversia ha generado reacciones a nivel internacional. La agencia de noticias AP rechazó el nuevo nombre y aseguró que continuará refiriéndose a la región como Golfo de México, postura que le costó ser expulsada de la Casa Blanca.
Por su parte, la Organización Hidrográfica Internacional, el organismo encargado de oficializar nombres de mares y océanos, aún no ha reconocido la designación impulsada por la administración de Trump.
El debate sigue abierto, y la tensión entre México y las grandes tecnológicas crece.