El reconocido cantante de narcocorridos, Gerardo Ortiz, admitió su culpa ante la justicia estadounidense por participar en eventos organizados por personas vinculadas al Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG). El artista, nacido en Pasadena, California, aceptó haber violado la Ley Kingpin, una normativa que sanciona a individuos o empresas con lazos en el narcotráfico internacional.
Ortiz, de 35 años, se presentó en al menos seis conciertos gestionados por su exrepresentante, Ángel del Villar, quien fue identificado por el Departamento del Tesoro en 2018 como facilitador de operaciones financieras del CJNG. La relación entre Ortiz y Del Villar no es nueva: el cantante firmó contrato con Del Records en 2009, convirtirse en una de las figuras principales de la disquera. Sin embargo, las conexiones con el crimen organizado pusieron a ambos bajo la lupa del FBI.
Según Univisión, Ortiz habría mantenido en secreto su declaración de culpabilidad mientras colaboraba con el Buró Federal de Investigaciones (FBI). Su testimonio podría ser clave en el juicio de Del Villar, quien fue arrestado en 2022 por presuntas transacciones ilegales con el CJNG. Durante la audiencia en la Corte Federal de Los Ángeles, el fiscal Alex Schwab confirmó que Ortiz había admitido su participación y estaba dispuesto a testificar.
El caso también involucra a Jesús Pérez Alvear, alias «Chucho Pérez», promotor de conciertos vinculado al CJNG, y quien organizó varias presentaciones de Ortiz en México. Pérez Alvear fue identificado por la OFAC como responsable de lavar dinero a través de la industria musical. En un giro inesperado, fue asesinado en diciembre de 2024 dentro de un restaurante en Polanco, Ciudad de México, en un ataque directo que dejó 13 casquillos en la escena del crimen.
El escándalo pone en evidencia la intersección entre la música regional mexicana y las organizaciones criminales. Gerardo Ortiz, quien alguna vez cantó corridos para figuras del Cártel de Sinaloa, ahora enfrenta la posibilidad de una sentencia en Estados Unidos. Mientras la investigación sigue su curso, el mundo de la música grupera queda nuevamente bajo escrutinio por sus vínculos con el crimen organizado.