El uso de drones en el tráfico de drogas ha escalado en los últimos años, convirtiéndose en una herramienta clave para los cárteles mexicanos. Con modelos hechos a la medida, estos dispositivos pueden transportar hasta 100 kilogramos de narcóticos, principalmente en zonas fronterizas y en las inmediaciones de centros penitenciarios.
El auge del tráfico aéreo ilícito
De acuerdo con la Junta de Fiscalización Internacional de Estupefacientes (JIFE), los grupos delictivos han desarrollado aeronaves no tripuladas de fabricación local, dejando atrás la dependencia de drones importados. Países como Colombia, Estados Unidos y México han reportado un aumento en los incidentes relacionados con estos dispositivos, utilizados para evadir controles y facilitar el trasiego de drogas.
Las primeras alertas sobre su uso en México surgieron en 2010, pero entre 2012 y 2014 las autoridades estadounidenses ya habían detectado 150 incursiones desde México. Para 2022, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de EE.UU. registró más de 10,000 vuelos ilegales en la frontera del valle del Río Bravo.
Tecnología al servicio del narcotráfico
Los drones utilizados por los cárteles operan a distancias cortas y con capacidad de carga limitada, pero cuentan con sistemas de navegación por satélite, lo que permite programar rutas y aterrizajes con precisión. Además, la tecnología de rastreo les permite mantener el control sobre los envíos y esquivar a las autoridades.
Una de las técnicas más sofisticadas es el método de torpedo, que consiste en fijar cargamentos con emisores de señales a los cascos de embarcaciones. Si el barco es interceptado, la carga se desprende y puede ser recuperada posteriormente.
Respuesta de los gobiernos
Para combatir esta amenaza, varios países han implementado medidas legislativas y tecnológicas. Se han desarrollado sistemas de detección por radar y geovallas, diseñados para interceptar drones sospechosos.
Además, el ejército estadounidense ha intensificado su vigilancia aérea sobre los cárteles. Según Reuters, el general Gregory Guillot, jefe del Comando Norte, confirmó el uso de reconocimiento aéreo e inteligencia militar para identificar patrones de tráfico ilícito y desarrollar estrategias para contrarrestarlo.