La sorpresa no tardó en instalarse en Ecuador. Con más del 93% de los votos escrutados, Daniel Noboa se perfila como el presidente electo con una ventaja de más de un millón de votos sobre su contrincante Luisa González, según los datos del Consejo Nacional Electoral (CNE). Con un 55.85% frente al 44.15% de González, la tendencia fue calificada como irreversible por la presidenta del CNE, Diana Atamaint, quien confirmó al binomio Noboa–Pinto como ganador.
Desde su residencia en Olón, una pequeña localidad costera, Noboa celebró lo que describió como una victoria histórica. Agradeció el esfuerzo de su equipo y vislumbró un nuevo Ecuador en camino. Sin embargo, evitó responder a las críticas sobre el uso de recursos públicos en campaña, la legalidad del nombramiento de su vicepresidenta y su decisión de no solicitar licencia durante la contienda.
Mientras tanto, la Revolución Ciudadana no reconoce los resultados. Luisa González, visiblemente molesta, denunció un fraude “grotesco” y anunció que solicitará formalmente un recuento de votos. Acompañada de simpatizantes que coreaban “¡Fraude, fraude!”, subrayó que más de diez encuestas, incluso oficialistas, la proyectaban como ganadora.
La jornada electoral estuvo marcada por un despliegue inédito de seguridad. Un estado de excepción fue decretado en Quito, siete provincias y en todo el sistema penitenciario del país. Más de 96 mil efectivos militares y policiales resguardaron el proceso, lo cual fue cuestionado por observadores internacionales, quienes advirtieron sobre la necesidad de que los comicios se desarrollaran con absoluta transparencia.
Los comicios del 13 de abril revivieron la rivalidad de 2023, cuando Noboa ganó por un margen mínimo. Esta vez, sin embargo, la diferencia fue contundente, aunque inesperada: incluso los sondeos de salida apuntaban a una elección cerrada. La incredulidad creció cuando, en pleno conteo, el sistema del CNE dejó de mostrar datos durante tres horas.
El resultado final dejó a la militancia de la Revolución Ciudadana atónita. A pesar de haber sumado el apoyo del movimiento indígena y sectores de izquierda, González no logró superar su votación de primera vuelta. El eco de las denuncias, el despliegue militar y las dudas sobre la legalidad del proceso ponen sobre la mesa una incómoda realidad: Ecuador eligió, pero la pregunta ahora es si todos aceptarán el resultado.