A menos de dos meses de que arranque el Mundial 2026, la Ciudad de México busca posicionarse no solo como sede futbolera, sino como ejemplo ambiental. Con ese objetivo, el gobierno capitalino presentó un plan de acción que pretende cambiar la forma en que se vive este tipo de eventos masivos.
La jefa de Gobierno, Clara Brugada, dio a conocer un decálogo ecológico que acompañará la justa deportiva, bajo la campaña “Mundial Verde; con juego limpio el planeta gana”. La apuesta es ambiciosa: reducir residuos, fomentar el consumo local y promover prácticas sustentables en cada rincón donde se viva el torneo.
Uno de los elementos más llamativos es la sustitución de artículos tradicionales por alternativas naturales. En lugar de matracas de plástico, se utilizarán versiones hechas de carrizo, un material abundante en los humedales de Xochimilco y Tláhuac. Más de medio millón de estas piezas serán elaboradas por productores locales, lo que también abre una ventana económica para estas comunidades.
La iniciativa no se queda ahí. Se busca eliminar el uso de plásticos desechables en espacios públicos, restaurantes y puntos turísticos, mediante un distintivo que reconozca a quienes cumplan con estas medidas. Además, se distribuirán utensilios reutilizables durante eventos y festivales vinculados al Mundial.
El proyecto también contempla la instalación de estaciones para separar residuos biodegradables, los cuales serán transformados posteriormente en mobiliario urbano, reforzando así un modelo de economía circular.
En paralelo, se promueve el consumo de productos locales como botanas elaboradas con ingredientes tradicionales, integrando a pequeños productores en la dinámica del evento.
La estrategia apunta a algo más que la imagen. En una ciudad que enfrenta retos ambientales importantes, el Mundial se convierte en un laboratorio a gran escala para probar nuevas formas de gestión urbana.
Sin embargo, el verdadero desafío no será implementar estas medidas durante unas semanas, sino lograr que trasciendan más allá del evento.