El colapso en el servicio del Metro de la Ciudad de México volvió a poner en jaque a miles de usuarios este lunes 3 de marzo, cuando las líneas 8 y 9 fueron desalojadas de emergencia. El incidente, ocurrido en plena hora pico, provocó largas filas y retrasos de varias horas en las zonas afectadas, particularmente en alcaldías como Iztacalco e Iztapalapa.
Mientras la crisis avanzaba, la presidenta Claudia Sheinbaum fue cuestionada sobre qué medidas podrían tomarse para evitar que el transporte público más usado de la capital siga presentando fallas constantes. Su respuesta: el Metro necesita una rehabilitación mayor, en especial en las líneas más antiguas. También mencionó que la Línea 3 requiere nuevos trenes y que la Línea A debe ser nivelada debido a los hundimientos de la ciudad.
A pesar de la situación, Sheinbaum defendió la gestión de la actual jefa de Gobierno, Clara Brugada, asegurando que está haciendo “un buen trabajo” al frente de la CDMX. Además, recordó que en su administración se llevó a cabo la remodelación de la Línea 1, aunque admitió que algunas estaciones presentan retrasos debido a la implementación de sistemas automatizados.
Las fallas en la Línea 9 se atribuyen a un corto circuito generado por un objeto metálico en la estación Chabacano, lo que obligó a cortar el suministro eléctrico en la zona. En la Línea 8, en tanto, las autoridades señalaron que se realizan revisiones en las vías, sin detallar la causa exacta del problema.
Para intentar mitigar el caos, se habilitó un servicio emergente con unidades de la Red de Transporte de Pasajeros (RTP), aunque la medida resultó insuficiente ante la cantidad de personas varadas.
El director del Metro, Guillermo Calderón, aseguró que los equipos de mantenimiento ya trabajan para restablecer el servicio lo antes posible. Sin embargo, para los miles de usuarios que diariamente dependen de este transporte, la historia se repite: incertidumbre, largos traslados y un sistema que sigue sin ofrecer soluciones definitivas.