Con el silbido de los trenes de fondo y el peso de más de tres millones de pasajeros diarios, Adrián Rubalcava asumió las riendas del Metro de la Ciudad de México, una de las redes de transporte más complejas y exigentes del país. Su llegada no solo implica enfrentar quejas cotidianas, sino también responder al compromiso político de modernizar el sistema.
Desde filtraciones en túneles hasta interrupciones constantes en el servicio, la red arrastra una larga lista de fallas que afectan la experiencia diaria de los usuarios. A esto se suma el temor creciente por los recientes reportes de ataques con jeringas dentro del sistema, una situación que ha puesto en jaque la percepción de seguridad.
Pero Rubalcava no se instala solo para apagar incendios. Su tarea es doble: atender las emergencias operativas y cumplir con las promesas estructurales hechas por la jefa de Gobierno, Clara Brugada. Entre ellas, la renovación integral de la Línea 1, la expansión de la Línea 12 y la rehabilitación urgente de las líneas 3 y A.
“Este es un reto enorme, pero no imposible”, afirmó el exalcalde de Cuajimalpa en uno de sus primeros mensajes. Reconoció la complejidad del sistema, pero también confió en que, con un equipo sólido, se pueden entregar resultados concretos.
El presupuesto no es excusa: con más de 23 mil millones de pesos destinados este año, el Metro cuenta con el mayor recurso económico de su historia. Sin embargo, como advierte Bernardo Baranda, del Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo, el éxito no solo dependerá del dinero, sino de la capacidad de Rubalcava para combinar visión política y capacidad técnica.