Tijuana amaneció con la noticia que llevaba años esperando: Pablo Edwin Huerta Nuño, alias El Flaquito, cayó sin disparar un solo tiro. Agentes de la FEMDO y fuerzas especiales irrumpieron de madrugada en una residencia de Bulevar Fundadores, colonia Cumbres de la Encantada. El presunto jefe del Cártel de los Arellano Félix —hábil para disfrazarse de policía y burlar balas en un hospital— se rindió rodeado, consciente de que la huida finalmente se había terminado.
La operación fue quirúrgica. Tras meses de inteligencia, los federales cercaron la casa, ejecutaron el cateo y aseguraron al hombre señalado por narcotráfico, extorsión y una cadena de homicidios que ensombreció la frontera. El Registro Nacional de Detenciones confirma que El Flaquito posee orden de extradición; su destino inmediato apunta a cortes estadounidenses.
El golpe llega apenas cuatro meses después del asesinato de Sebastián Moreno Olivares, El Cebollas, mano derecha de Huerta Nuño. Con aquel segundo al mando abatido en pleno festejo de cumpleaños, la captura del líder remata un año negro para el cártel de Tijuana.
Ahora la Fiscalía General de la República apunta a desmantelar las células que respondían al detenido. Voces castrenses ven en esta acción la oportunidad de “apagar” rutas de tráfico y redes de cobro de piso que operaban desde Baja California hasta Sonora.
Falta conocer quién ocupará el vacío en la cúpula criminal, pero, por primera vez en mucho tiempo, la estructura de los Arellano Félix luce descabezada. Mientras tanto, El Flaquito aguarda su traslado: la frontera que explotó durante años podría convertirse muy pronto en la puerta de su extradición.