Después de 23 días de resistencia en el corazón político del país, las y los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) comenzaron este sábado a desmontar su campamento en el Zócalo capitalino. El movimiento, que inició el pasado 15 de mayo, tuvo como principal exigencia la derogación de la Ley del ISSSTE de 2007.
Entre lonas recogidas, maletas al hombro y rostros curtidos por el calor y la lluvia, los docentes acordaron regresar a clases este lunes. Sin embargo, el levantamiento del plantón no significa el fin del conflicto.
Antes de su partida definitiva, integrantes de la Comisión Nacional Única Negociadora prepararon un templete frente a Palacio Nacional, desde donde emitirán este lunes un mensaje a la nación a las 09:00 horas. Será, según ellos, una declaración clave para dejar en claro que su lucha no termina aquí.
La CNTE también lanzó una advertencia directa a la presidenta electa Claudia Sheinbaum: estarán presentes en cada uno de sus eventos públicos, si no hay respuesta a sus demandas.
El Zócalo vuelve a despejarse, pero la inconformidad del magisterio disidente sigue latente. Su retirada es estratégica, no definitiva. El mensaje es claro: están listos para volver cuando sea necesario.
Este episodio marca el cierre de una etapa de protesta visible, pero abre una nueva fase de presión política. La CNTE cambia de trinchera, pero no de postura.