En medio de halagos diplomáticos, Donald Trump dejó claro que el juego económico está del lado estadounidense. Durante una reunión con su gabinete, el presidente número 45 de Estados Unidos se refirió a Claudia Sheinbaum, mandataria mexicana, con palabras elogiosas… justo antes de anunciar que varias inversiones destinadas a México fueron redirigidas a su país.
“Es una mujer elegante, fantástica”, dijo Trump a la prensa. Aseguró que ha mantenido “muchas conversaciones” con ella y que tiene una buena impresión de su gestión. Sin embargo, no tardó en poner sobre la mesa lo que considera un logro de su gobierno: el freno a la construcción de tres plantas automotrices en México.
De acuerdo con Trump, estas instalaciones industriales, originalmente planeadas para desarrollarse en territorio mexicano, ahora se construirán en Estados Unidos. La razón, afirmó, se debe a los aranceles impuestos por su administración, una medida que, según él, obligó a las compañías a reconsiderar su estrategia.
“No quiero hacerle daño a México, me gusta México”, dijo el mandatario, en tono conciliador. Pero acto seguido, responsabilizó a su antecesor, Joe Biden, por permitir que esas inversiones salieran inicialmente del país: “Él dejó que esto pasara”, sentenció.
Las declaraciones mezclan diplomacia con estrategia política, en un momento clave para Trump, quien ha intensificado su narrativa proteccionista con miras a fortalecer su base electoral rumbo a noviembre. Aunque elogia a Sheinbaum, el mensaje es claro: su prioridad es que la industria y el empleo regresen a suelo estadounidense.