La Ciudad de México enfrenta una crisis ambiental poco visible pero creciente: la proliferación de tiraderos clandestinos en varias alcaldías.
De acuerdo con el Inventario de Residuos Sólidos de la Secretaría del Medio Ambiente (Sedema), tan solo en 2023 se contabilizaron 889 sitios irregulares de depósito de basura en la capital.
Las alcaldías Cuauhtémoc y Miguel Hidalgo concentran gran parte del problema.
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Cuauhtémoc encabeza la lista con 205 tiraderos clandestinos, lo que representa el 22.6% del total. Calles, lotes baldíos y espacios públicos se han convertido en focos de infección y deterioro urbano.
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En Miguel Hidalgo se han detectado 92 tiraderos, principalmente en colonias como Tacuba, Pensil, Popotla y Anáhuac, donde vecinos denuncian acumulación de basura, escombros y residuos de construcción en predios abandonados y bajo puentes.
Los efectos de estos basureros van mucho más allá de lo visual:
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Obstrucción de drenajes.
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Fauna nociva como ratas, mosquitos y cucarachas.
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Lixiviados tóxicos que contaminan suelo y agua.
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Enfermedades como cólera, salmonelosis o dengue.
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Malos olores y deterioro urbano que reducen la calidad de vida y deprecian el valor de los inmuebles.
El costo para las autoridades también es alto: se estima que 786 toneladas de basura se retiran diariamente de estos puntos en la capital, lo que representa un gasto permanente para las alcaldías.
Aunque la Ley de Justicia Cívica establece sanciones que van desde multas de hasta 4 mil 525 pesos, trabajo comunitario o arresto administrativo, la práctica persiste.
Especialistas apuntan que la falta de vigilancia, educación ambiental y alternativas accesibles para el manejo de residuos son factores clave que mantienen vivo este problema.