Apenas se anunció que Claudia Sheinbaum impulsará una reforma electoral, cuando el Instituto de Estudios para la Transición Democrática (IETD) encendió las alertas. Figuras clave como Lorenzo Córdova, José Woldenberg y Leonardo Valdés —todos expresidentes del IFE/INE— advirtieron que cambiar las reglas del juego democrático sin consenso plural pondría en riesgo la legitimidad del sistema electoral mexicano.
El IETD no se anduvo con rodeos: señaló que la mayoría calificada que ostenta Morena en ambas Cámaras fue obtenida mediante “una doble maniobra” —una supuesta sobrerrepresentación ilegal en Diputados y una mayoría forzada en el Senado. Por eso, insisten en que cualquier reforma debe construirse sobre el acuerdo y no sobre la imposición.
“Las normas electorales son las reglas del juego. No pueden escribirse desde un solo escritorio”, afirmaron los firmantes en un extenso comunicado.
Entre los puntos clave, el Instituto propuso fortalecer la representación proporcional —eje que ha sostenido la democratización desde 1977—, garantizar la autonomía de los órganos electorales y apostar por el financiamiento público como freno a los intereses privados y el dinero sucio que contamina la política.
Advirtieron que reducir o eliminar los espacios de representación proporcional sería un golpe a la pluralidad, por lo que plantearon una composición equilibrada en la Cámara de Diputados (250 por mayoría relativa y 250 por representación proporcional) y un Senado completamente proporcional, con cuatro senadores por estado.
También piden que el nombramiento de consejeros electorales pase al Senado, con una votación calificada de tres cuartas partes, para asegurar perfiles imparciales y sin cuotas partidistas.
El documento fue respaldado por un centenar de figuras de la sociedad civil, académicos, intelectuales y exconsejeros electorales, quienes advierten: una reforma sin consenso no construye democracia, la fractura.