El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, llevó más que diplomacia a su encuentro con el Papa León XIV en el Vaticano. Con una carta firmada por el presidente Donald Trump y la primera dama, el republicano extendió una invitación oficial para que el pontífice visite suelo estadounidense.
Durante la reunión, Vance —convertido al catolicismo hace apenas cinco años— obsequió al Papa una camiseta de los Chicago Bears con su nombre estampado, además de dos obras clave de San Agustín. El gesto fue cálido y simbólico: León XIV, nacido en Chicago y primer Papa estadounidense (aunque nacionalizado peruano), tomó la misiva y, sin comprometerse, soltó un enigmático: “en algún momento”.
La cita no fue solo ceremonial. Vance y el secretario de Estado Marco Rubio aprovecharon su paso por Roma para reunirse con el canciller del Vaticano, Paul Gallagher. Sobre la mesa: Ucrania, Oriente Medio, la libertad religiosa y la persecución a cristianos. Tanto el Vaticano como la Casa Blanca coincidieron en la necesidad de una solución negociada y respeto al derecho internacional.
Mientras tanto, Donald Trump anunció que una conversación telefónica de más de dos horas con Vladimir Putin habría abierto las puertas a un alto el fuego “inmediato” entre Rusia y Ucrania. El Vaticano, marginado en los años iniciales de la guerra, vuelve a escena como posible anfitrión del diálogo de paz.
La delegación estadounidense incluyó también al hermano del Papa, Louis Prevost —confeso simpatizante MAGA— y su esposa, quienes participaron del protocolo vaticano.
Entre gestos, regalos y tensiones globales, Estados Unidos busca que el Papa no solo bendiga la paz, sino que participe activamente en su construcción.