La madrugada del 13 de abril se apagó la vida de Leonila Vázquez Alvízar, conocida con cariño como “Nila”, a los 89 años. Desde su hogar en Guadalupe La Patrona, en Amatlán de los Reyes, Veracruz, esta mujer forjó una de las historias de solidaridad más conmovedoras del país: la fundación del colectivo Las Patronas, símbolo de apoyo a los migrantes que cruzan México a bordo de La Bestia.
Su travesía comenzó en 1995, con un gesto tan simple como poderoso: regalar pan a los indocumentados que pasaban colgados del tren de carga. Con el tiempo, el gesto creció hasta convertirse en un ritual diario. Desde temprano, Nila y su familia preparaban lonches que luego lanzaban a los viajeros desde la orilla de las vías. Nunca se detuvo el tren, pero tampoco su compromiso.
En sus últimos años, la salud le cobró factura. La silla de ruedas no le impidió celebrar, hace apenas unos meses, los 30 años del proyecto. Aquel 14 de febrero, Las Patronas fueron reconocidas con la medalla Arcadio Hidalgo por su incansable labor. Pero no era la primera vez: en su historial hay premios nacionales, universitarios y de derechos humanos, entregados por instituciones dentro y fuera del país.
Leonila no solo fundó una cocina, sino un movimiento. Su carácter fuerte sembró liderazgo en sus hijas y en decenas de mujeres que hoy mantienen vivo el albergue Esperanza del Migrante, donde además de comida se ofrece acompañamiento a quienes buscan una vida mejor al norte del continente.
El colectivo confirmó la noticia con una frase que lo resume todo: “Su corazón ha dejado de latir, pero su humanidad se queda para siempre”. Y con ella, el legado de transformar el dolor del otro en causa propia.