Después de nueve años tras las rejas en Estados Unidos por lavado de dinero, Tomás Yarrington volvió a pisar suelo mexicano, no como político, sino como detenido. Apenas cruzó la frontera entre San Isidro y Tijuana, elementos de Interpol México lo recibieron para ejecutar las órdenes de aprehensión pendientes.
El exgobernador de Tamaulipas, quien encabezó la entidad entre 1999 y 2004 y alguna vez fue visto como la “promesa” del PRI, fue trasladado a la capital del país y de ahí al penal federal de máxima seguridad El Altiplano, en el Estado de México, donde ya pasó su primera noche.
La historia de Yarrington ha sido larga y turbia. Su captura internacional ocurrió en Florencia, Italia, en 2017, donde se escondía con documentos falsos. Las autoridades estadounidenses ya lo buscaban desde 2013, como parte de la operación “Marea Verde”. Aquel arresto lo llevó, en 2018, a ser extraditado a EE.UU., donde terminó aceptando que había recibido más de 3.5 millones de dólares en sobornos.
Los cargos allá fueron claros: conspiración para lavar dinero procedente de grupos criminales como Los Zetas y el Cártel del Golfo, recursos que luego blanqueó con la compra de propiedades y vehículos en territorio estadounidense.
Ahora, de vuelta en México, Yarrington enfrentará las acusaciones locales: delitos contra la salud y operaciones con recursos de procedencia ilícita. Su caso será juzgado bajo el viejo sistema penal, debido a que los procesos en su contra comenzaron antes de 2015.