Con 61 votos a favor, uno en contra y ninguna abstención, el Congreso de la Ciudad de México aprobó una reforma que prohíbe las corridas de toros con violencia, una decisión que cambia por completo el panorama taurino en la capital del país. Mientras en el recinto legislativo se celebraba el fallo, en las calles un grupo de taurinos protestaba con furia, denunciando lo que consideran un atropello a una tradición de siglos.
La medida, pionera en su tipo, elimina el uso de banderillas, espadas y lanzas durante el evento, limita la duración de las corridas a 10 minutos y protege la integridad física del toro en todo momento. Para los defensores de los derechos de los animales, esta reforma es un triunfo. Para los toreros y aficionados, una estocada letal a la tauromaquia.
Divididos entre la celebración y la indignación
“Estamos dando un paso hacia una ciudad que respeta la vida y los derechos de los animales”, declaró Clara Brugada, jefa de Gobierno capitalina y principal impulsora de la reforma. En contraste, figuras del toreo como Arturo Saldívar expresaron su frustración ante la decisión. “Esto va a acabar con la especie del toro bravo. Sin corridas, los ganaderos no tendrán motivo para criarlos”, argumentó el matador, quien se unió a las protestas en las afueras del Congreso.
El descontento de los taurinos se hizo evidente cuando, tras la votación, bloquearon el tráfico en el Eje Central frente al Palacio de Bellas Artes. La tensión aumentó con enfrentamientos esporádicos entre manifestantes y la policía. Mientras tanto, los grupos animalistas celebraban lo que consideran una victoria en la lucha contra el maltrato animal.
Una tradición en peligro
Para los defensores de la tauromaquia, la decisión del Congreso pone en riesgo una industria que genera miles de empleos y que forma parte del patrimonio cultural de México. “Nos están quitando nuestro derecho a disfrutar de una expresión artística que tiene más de 500 años”, reclamó Fernando, un aficionado de 32 años.